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29-03-2010 | POLICIALES | Conmoción en Rafaela

Matan de 12 puñaladas a testigo clave en la causa Brusa

Silvia Suppo fue hallada gravemente herida en un céntrico local comercial que explotaba. Tras una primera hipótesis de robo, la Policía ya trabaja con más fuerza en la idea de represalia por sus testimonios y por su militancia en organismos de Derechos Humanos.

Foto del negocio donde asesinaron a Silvia Suppo. El cartel del local dice aùn "abierto"...
Foto del negocio donde asesinaron a Silvia Suppo. El cartel del local dice aùn "abierto"...
La víctima, de 50 años de edad, se encontraba sola al frente del negocio dedicado a la venta de artesanías en cuero y plata en Sargento Cabral al 200, pleno microcentro, a metros de la Avenida Santa Fe y a pocas cuadras de la Jefatura de Policía de la URV.
El hecho ocurrió en apariencia temprano pero ya en horario comercial y a plena luz del día, siendo advertido hacia media mañana por una ocasional clienta, por lo cual la impunidad con la que se movieron los autores es el primer dato que llamó la atención de los pesquisas.
Suppo yacía en sobre un charco de sangre semi-inconciente, por lo cual fue trasladada de urgencia al Hospital "Jaime Ferré" donde pese a los esfuerzos realizados falleció minutos después del mediodía cuando era intervenida quirúrgicamente, debido a un paro cardiorrespiratorio, entre otras complicaciones por las heridas recibidas.
El lugar se encontraba con un mínimo desorden y con indicios de faltantes de las mercaderías, pero la saña con la que actuaron el o los asesinos quienes asestaron doce profundas puñaladas en el cuello, tórax y abdomen, también indujeron a los investigadores a relativizar la hipótesis de robo.
La idea de que Suppo fue virtualmente ejecutada en un brutal ajuste de cuentas cobra forma minuto a minuto, debido a las implicancias que tuvo la víctima, primero al ser una de las tantas prisioneras del terrorismo de Estado que se impuso en el país durante la última dictadura militar, sino que además fue una testigo de vital importancia en la denominada "causa Brusa" en la que imputó además a Sixto Camilo Perizotti.

Por si algo faltaba, si bien no volvió a militar en partidos políticos, sí lo venía haciendo en organismos defensores de los DD.HH, y además este hecho ocurre durante "la semana de la memoria".
Testigo en peligro
Silvia Suppo narró uno de los relatos mas contundentes y desgarradores en la causa en la cual se encuentran condenados el ex juez federal Víctor Brusa, el ex comisario y ex jefe de la Dirección de Drogas Peligrosas, Héctor Colombini; el ex jefe de la Guardia de Infantería Reforzada, Juan Perizotti; la ex carcelera policial María Eva Aebi; el ex jefe del Comando Radioeléctrico de Santa Fe y de la comisaría Cuarta, Mario Facino; y el ex policía Eduardo Ramos.
La rafaelina fue la primera testigo en contar los horrores que sufrió durante su cautiverio, entre ellos una violación y, como producto de ello, un aborto "para remendar el error", frase que atribuyó a Juan Calixto Perizotti.
Suppo fue secuestrada por el Ejército en marzo de 1977, cuando tenía 17 años, junto a su hermano y a su actual esposo, Jorge Destéfani (fallecido el año pasado tras cruel enfermedad).
Unos días antes había sido secuestrado su novio de ese momento, Reinaldo Hatemmer, quien continúa como desaparecido.
La mujer contó que estuvo detenida en la comisaría Cuarta de Santa Fe, en la Guardia de Infantería Reforzada y en el centro clandestino de detención conocido como "La casita", ubicado a las afueras de la ciudad de Santo Tomé.
Suppo fue interrogada encapuchada en la seccional Cuarta, donde el jefe era el acusado Mario Facino, y pasó también por la Guardia de Infantería, donde identificó como jefe a Perizotti y como secretaria de éste a María Eva Aevi.
En la Cuarta recibió la visita del entonces obispo de Rafaela, Jorge Casaretto, a quien le contó de la violación y las torturas.
Entre muchos hechos que le ocurrieron a ella y a otras personas, la mujer habló de su hermano Rogelio Suppo, quien tras ser salvajemente torturado logró escapar de un hospital y luego de varios días de estar prófugo abandonó el país hacia Brasil ayudado por Casaretto y el obispo Justo Laguna.

Fuente: SM
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